Dice el inefable Callón que «O exemplo que puxo é inmellorábel: o caso de Rosa Parks, a estadounidense negra que padeceu prisión por non abandonar o seu asento para que puidese acomodarse un racista cu branco, tal e como marcaba a inxusta e antidemocrática lei vixente. Ela declarou que o fixo porque "estaba farta de ceder e ceder". Canto temos que aprender dun xesto coma ese!» Muchos padres estaríamos dispuestos a ceder los asientos en los autobuses al 'cu' de Callón -que debe ser negro- y a todos esos 'cus' tan linguosensibles, con tal de que se permitiese a nuestros hijos y a sus profesores expresarse en la lengua oficial de su preferencia. La melonada victimista recuerda aquella otra de la concejal de juventud, normalización y pornografía del Ayuntamiento de La Coruña, Dª Ermitas Valencia, cuando dijo que las mujeres hablaban español en Galicia por efecto de la 'violencia de género' a que son sometidas por los poderes establecidos.La habitual mezcolanza de nacios, necios, -tontos útiles, compañeros de viaje, portamaletas del nacionalismo...- ha escenificado el alumbramiento de otro tinglado legitimador de esa plaga ya no de nuestra política (ojalá se quedara en eso) sino de nuestra vida, que es la "normalización lingüística"*: Prolingua.
Nada nuevo, y nada digno de atención especial en este repetido y aburrido aquelarre de unanimidad pecuaria en el que se repitieron las consabidas invocaciones tan irracionales y estúpidas como de costumbre.
No faltó el ávido de méritos lamentando su excesiva tolerancia cuando tenían el poder: «Fomos burlados pola teoría do amodiño». La prohibición de expresarse en su lengua a los niños castellanohablantes en la mayor parte del horario lectivo, la expulsión a la clandestinidad de los libros de texto en español en todas las materias troncales, le ha parecido amodiño al sujeto. ¿Cuánto de prisa irán cuando vuelvan al poder? Y, por otra parte, ¿a qué viene tanta alarma? ¿en qué consiste ese «furibundo ataque contra a nosa lingua que encabeza Alberto Núñez Feijóo» que mantiene la prohibición de usar el español en todas las materias troncales en la enseñanza obligatoria y bachillerato? ¿Y qué daño le haría a la lingua de Callón el cumplimiento de la promesa de derogar esa prohibición?
Dice el inefable que «O exemplo que puxo é inmellorábel: o caso de Rosa Parks, a estadounidense negra que padeceu prisión por non abandonar o seu asento para que puidese acomodarse un racista cu branco, tal e como marcaba a inxusta e antidemocrática lei vixente. Ela declarou que o fixo porque "estaba farta de ceder e ceder". Canto temos que aprender dun xesto coma ese!»
Muchos padres estaríamos dispuestos a ceder los asientos en los autobuses al 'cu' de Callón -que debe ser negro- y a todos esos 'cus' tan linguosensibles, con tal de que se permitiese a nuestros hijos y a sus profesores expresarse en la lengua oficial de su preferencia. La melonada victimista recuerda aquella otra de la concejal de juventud, normalización y pornografía del Ayuntamiento de La Coruña, Dª Ermitas Valencia, cuando dijo que las mujeres hablaban español en Galicia por efecto de la 'violencia de género' a que eran sometidas por los poderes establecidos.

Siguiendo en el terreno de las metáforas escurridizas -esperemos que sólo sea una metáfora- pero elevándose del culo a las témporas, otro arrojado orador llamó a «defender a lingua "como se fose a nosa vida"» ¿Qué duda cabe? A muchos les va la vida en ello, entendiendo por sinécdoque no la vida toda, sino su base económica, su sustento, que es lo primero: primum vivere. Si lo sabrán ellos. Sobre todo porque llevan demasiado tiempo viviendo de la lingua, es decir, de las innumerables derramas y gollerías que manan de los presupuestos de todas las administraciones públicas, y son demasiado mayores para reciclarse en alguna actividad socialmente útil y no parasitaria. ¡Cómo nos gustaría que se fuesen a casa con el sueldo íntegro, como hizo Azaña con los militares que no juraron fidelidad a su artefacto! [hazañas de las que sólo es capaz la izquierda] También aquí, como con los asientos de autobús, mientras que ellos están fartos de ceder, nosotros estamos ansiosos por hacerlo. Aunque siempre quedarían los irreductibles; aquéllos para los que la lingua no es el pan -de lo que no sólo vive el hombre- sino la causa por la que han llegado a ser algo, y sin la que volverían a ser nada. Aquí no sólo, y ni siquiera necesariamente, está en juego la vida en el sentido material indicado -pasen días e veñan chuscos- sino la existencia moral, la creencia de ser alguien, de hacer algo distinto de los oficios bajos y ruines con los que la plebe provee a las necesidades materiales de la comunidad, incluidas las de la aristocracia lingüística.
NO queremos pensar que estos exaltados hayan llamado a la defensa de la lingua como si fuese su vida para justificar la privación de ella a quienes han dado en llamar "os inimigos do galego". Porque la defensa de la propia vida es la única justificación, en tiempo de paz, para acabar con la de otros. Seguro que si tienen la oportunidad de explicarlo, nos lo aclaran satisfactoriamente. Pero deberían moderar el ardor retórico, porque otros aún con menos seso -sí: aunque parezca increíble, tenemos constancia empírica de que existen- se alimentan de ese veneno, y después amenazan y agreden a pacíficos ciudadanos.
Tampoco faltó el indefectible tonto útil, como él mismo reconoce que le consideran; ese sujeto límite -en el límite de la autodeterminación-, es ingrediente imprescindible de estos potajes, en los que tiene la sensación reconfortante de servir para algo. Es el joven empresario que puede compatibilizar su utopía anarcocapitalista -decía hace apenas un año «eu sempre me quedarei co eterno Borges cando albiscaba no horizonte que co tempo "mereceremos non ter goberno"»- con el deseo de un Leviathan vigilante y preceptor de los hábitos lingüísticos de los ciudadanos. Como otros abolicionistas del estado que le precedieron, antes de su feliz desaparición el estado tiene un trabajo ímprobo: crear el hombre nuevo, normalizarnos, nada menos, aunque cueste varias generaciones. Todo esto, y más, cabe en el PPG.
1 Sería injusto atribuirle en exclusiva ciertas inclinaciones. Pero González Garcés al menos no mezcla el puterío con la linguocracia. Cada cosa a su tiempo y en su sitio .








