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Lugo, 22 de abril de 2010 

Sr. Director:

He recibido su convocatoria extraordinaria para una reunión informativa, de ayer para hoy, dirigida a todos los padres de niños de 5º A.

El motivo, según dice, es tratar “un asunto de vital importancia que está a afectar á boa marcha do colexio e concretamente ao curso do voso fillo”

Se trata de una convocatoria sin precedentes, que yo recuerde, por sus raras características: premura inaudita, ocultismo y alarma.

¿Está seguro de que el asunto justifica semejante prisa, misterio y rebato?

Puedo equivocarme -ojalá me equivoque, y perdóneme si es así-, pero una convocatoria tan inconcreta, dados los antecedentes autoriza cualquier conjetura, y ha suscitado en mí el temor de que el asunto sobre el que se va a “informar” a los padres de los compañeros de mi hija sandra. es el de nuestras desavenencias lingüísticas con su tutora Dª María Meilán, a quien se deben sus primeras apariciones en prensa, concretamente, s.e.u o.:


Sin embargo, si ese fuese el objeto de la asamblea informativa, no fueron esas mentiras, sino mi intento de combatirlas, lo que provoca su urgentísima convocatoria.

Ud. sabe que nosotros no pedimos “no recibir en gallego” clase alguna. Pedimos que con el mismo respeto con que mi hija recibe en gallego  todas sus clases menos plástica y educación física, que son las únicas que ese centro consiente en castellano, la profesora reciba las contestaciones orales y escritas de mi hija en su lengua, sin hacer mofa y burla de ella.

Nosotros, Sr. Director, querríamos que el centro y sus profesores fuesen libres para impartir sus clases en gallego o en castellano. Lamentamos que se crean privados de ese derecho por un decreto, y que se resignen a ello, pero no es nuestro problema. Nuestro problema es que pretendan imponer a nuestra hija el mismo fastidio utilizando como pretexto un reglamento que, además de su cuestionable legalidad y anunciada derogación, es susceptible de una interpretación más acorde con la libertad y dignidad de los afectados, y con la legalidad objetiva. Interpretación que, aunque le parece intolerable a la tutora, viene avalada por la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia del 21 de noviembre de 2007. al amparo de la cláusula “con carácter general”. Interpretación de la que la inspectora ha informado pacientemente a la tutora, sin que su orgullo le permita acatarla sin mostrar su resentimiento.

Así que es falsa, y ud. lo sabe, la propaganda sindical de que queremos cambiar la lengua de las clases. Lo que queremos es no seguir soportando las continuas faltas de respeto, algunas teñidas de una xenofobia rayana en lo delictivo, por ser hispanohablante y no esconderlo o disimularlo en clase.

Si mis temores son ciertos, Sr. Director, esta convocatoria de asamblea “para informar” tiene el peor cariz. Espero que no caiga en la tentación de sindicalizar un asunto escolar, al estilo en que lo ha hecho ya la profesora por medio de esa organización llamada CIG..

Esa asamblea, por los perfiles que deja ver su misteriosa convocatoria, y según como se desarrolle, puede tocar peligrosamente, si no los traspasa, los límites de la legalidad, tras superar con mucho los de la moralidad. Me hace temer un auto de fe, modelo de todas las tiranías, para señalar socialmente al hereje, demonizarle y excluirle. Lo cual, en este caso, tratándose de una niña de diez años, es particularmente ridículo y grave.

¿Cree en serio que “es de vital importancia ...  afecta a la buena marcha del colegio” que mi hija diga o escriba “perro” en lugar de “can”, etc., etc., ...?

¿Es ello motivo para tocar a rebato?

Sería terrible que con la complicidad y la colaboración del centro, de su director, se ampliase fuera del aula el pequeño infierno de exclusión y marginación creado dentro por esa profesora para mi hija, convirtiéndola en chivo expiatorio de sus obsesiones, y en cabeza de escarnio y escarmiento para los demás. Para que ningún otro se atreva. 

Sr. Director:

Le suplico la máxima prudencia, si aún está a tiempo, en los pasos que va a dar. Estaré en esa asamblea, de la que temo ser objeto, y tomaré nota de lo que en ella suceda, a los efectos oportunos.

Remito copia de esta solicitud preventiva a la Administración educativa –que también debería estar presente-

Soy consciente de que mis temores pueden estar, iba a decir, infundados, pero no es la palabra. Fundados, están. Otra cosa es que, debido a los términos de la convocatoria, me equivoque sobre su oculto objeto. En tal caso le ruego disculpe esta comunicación, y sea más explícito la próxima vez, como es lo normal en una convocatoria. A los padres, creo que a todos, nos gusta saber el motivo por el que se nos pide que abandonemos otras obligaciones u ocupaciones.

Esperando que todo sea un error por mi parte y no por la suya, le saluda atentamente,

Ana Argiz.