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Nota de MLL.- Este artículo se publicó en los papeles de la Fundación FAES en Abril de 2009. Fue como rociar limón sobre ostras para los intelectuales orgánicos del social-nacionalismo, entonces en el poder. Producido el vuelco electoral el artículo es inencontrable en la web de dicha fundación, por lo que lo reproducimos aquí.

1. Una historia normal

Que no nos engañe el tópico: la historia lingüística de España es una historia muy normal. Sólo se distingue de las del entorno por la precocidad y facilidad con la que la variante castellana del idioma se impuso sobre las otras variantes surgidas tras la fragmentación del latín. Este proceso lingüístico, por el cual una de las modalidades orales del territorio se convierte en dominante y común, es un proceso constante en todas las comunidades históricas que en el mundo son. Así lo resume Ferdinand de Saussure en su clásico Curso de Lingüística General:

Saussure…) Abandonada a sí misma, la lengua sólo conoce dialectos, ninguno de los cuales se impone a los demás, y con ello está destinada a un fraccionamiento indefinido. Pero como la civilización, al desarrollarse, multiplica las comunicaciones, se elige, por una especie de convención tácita, uno de los dialectos existentes para hacerlo vehículo de todo cuanto interesa a la nación en su conjunto.

(….) Una vez promovido al rango de lengua oficial y común, el dialecto privilegiado rara vez sigue siendo como era hasta entonces. Se le mezclan elementos dialectales de otras regiones; se hace cada vez más complejo, sin perder del todo por eso su carácter original: así en el francés literario se reconoce bien el dialecto de la Isla de Francia, y el toscano en el italiano común. Sea lo que fuere, la lengua literaria no se impone de la noche a la mañana, y una gran parte de la población resulta ser bilingüe, y hablar a la vez la lengua de todos y el bable (patois) local. Es lo que se ve en muchas regiones de Francia, como en Saboya, donde el francés es una lengua importada y no ha ahogado todavía el bable del terruño. El hecho es general en Alemania y en Italia, donde por todas partes persiste el dialecto al lado de la lengua oficial.

Los mismos hechos han sucedido en todos los tiempos, en todos los pueblos llegados a cierto grado de civilización. Los griegos han tenido su koiné, nacida del ático y del jonio, y a su lado subsistían los dialectos locales. Hasta en la antigua Babilonia se cree poder establecer que hubo una lengua oficial al lado de dialectos regionales.1

En España, este fenómeno de expansión de una koiné empezó pronto. Sin duda, la naturaleza de la reconquista fue clave al respecto. Gentes de diversos territorios, que entremezclaban dialectos romances y vascones, conviven en terrenos escasamente poblados y hallan pronto esa revolucionaria koiné que pasará a llamarse castellano. Desde Alfonso X, la variante castellana se convirtió en la lengua romance de prestigio en el occidente peninsular2.

Sin embargo, en los últimos treinta años, este proceso histórico ha sido puesto en entredicho. La ignorancia de algunos y el interés de otros han aunado esfuerzos para revertir este proceso de siglos con la excusa de que estamos ante una a-normalidad resultante del imperialismo castellano. Esta política, inusitadamente denominada “normalización”, es la última de las extravagancias que atraviesa la historia de España. Nuestros vecinos de allende los Pirineos disponen también de catalán y vasco, y nadie ha convertido sus escuelas en centros de expulsión de la lengua francesa.


En este marco conceptual, se desarrolla la política lingüística de la Comunidad Autónoma de Galicia. Treinta años de una política que ha crecido independiente del partido en el gobierno. Razones de control y poder lo explican con facilidad. Muchos, con mejor razón que la mía, han puesto sus ojos en la conculcación de derechos que implica. Nosotros preferimos centrar nuestra mirada en la creación y desarrollo de una neolingua y las querellas internas que ésta lleva consigo.


1 Ferdinand de Saussure. Curso de Lingüística general. Losada. Buenos Aires. 1945. Ed 24. 222

2 El Rey Sabio, cuyo reinado el nacionalismo gusta de presentar como época de esplendor del gallego como lengua de prestigio, fue quien naturalizó el uso oficial del castellano en Galicia. A partir de 1252, su cancillería dejó de comunicarse con sus súbditos gallegos en latín y pasó directamente al romance castellano, uso lingüístico que ha pervivido hasta hoy. Henrique Monteagudo. Historia social da lingua galega. Galaxia Vigo. 1999. 112